sábado 19 de diciembre de 2009
DULCES SUEÑOS
martes 15 de diciembre de 2009
Propósitos de año nuevo
Está decidido. Hoy dejo de fumar. Me apuntaré a un gimnasio, me pondré fuerte, seré más alto, más bello y más joven. Luciré mis músculos por la playa y en ellos ya no se posarán las moscas, sino las mariposas y las miradas de las ninfas.
Por las noches contaré las estrellas y escribiré en hexámetros de oro himnos gigantes y extraños. Cada primero de mes subiré a la más alta cumbre de la sierra y allí lanzaré mi hipogrito huracanado hasta las alturas y se asustarán las nubes y los ciervos y espantaré con mi poder a todas las aves del mundo. Y por las noches regresaré a mi harén, donde me esperan mis huríes envueltas en blandas y perfumadas sábanas. En vez de cerveza, tomaré zumos y jugos naturales. Y cuando me ofrezcan marihuana, la rechazaré con un gesto arcangélico y digno.
Llevo sólo tres horas sin fumar y ya estoy más alto, más guapo y más fuerte.
viernes 11 de diciembre de 2009
COLORES
miércoles 9 de diciembre de 2009
Las suecas
Y cuando todas me señalaron el ombligo para saber cómo se decía en español, me atreví a bajarme el bañador y les mostré ufano mi ibérico atributo. “Y esto es la polla o cipote, la octava maravilla,
miércoles 2 de diciembre de 2009
MARÍA
Tras un arco. Tras un portón. Tras un torno. Donde me habían dicho. Aquí he encontrado la felicidad, una felicidad distinta a la del resto, una completa calma a mis ansias y a mis búsquedas interiores. Sé que éste es un mundo incomprendido, muchas veces oculto y, demasiadas veces, envuelto por la vergüenza de la justificación siempre pedida. Un mundo diferente. Pero el que había conocido antes no era el mejor de los mundos posibles. Aunque algunos lo llamaran realidad o, incluso, normalidad. ¿Qué será eso? Si la normalidad es aguantar manos crueles y justicieras de los que se creen los reyes del mundo, yo me retiro en otras manos. Manos más delicadas, acostumbradas a la blancura que dan las sombras, a la delicadeza que necesitan las cosas bien hechas, a los placeres que se encuentran en las más ocultas celdas y rincones. Sólo estas manos femeninas han sabido seleccionar los almíbares y las dulzuras que satisfacen mi paladar y que ponen en éxtasis místico cada uno de mis cinco sentidos. Gusto por el silencio, tacto por los rincones más secretos, vista de interiores olvidados por el mundo, olor de mieles y fluidos nunca sentidos, escucha de palpitaciones y de suaves gemidos que sólo perciben las almas que te ponen en contacto con Dios. Cuando rodó el torno, mi vida tomó sentido. Pasé al lado que me dio la felicidad. Me enclaustré en los gozos eternos. Me revestí del orgasmo continuo. Encomendé mi alma a la búsqueda del placer eterno. Sólo estas manos femeninas podían amoldar la dulzura de los pestiños, con sus rincones secretos, con el contraste entre sus pliegues no exentos de rudeza y los dulces líquidos que los recubren. Sólo estas manos femeninas podían perfeccionar la redondez de las almendras, concentrar el chocolate en perlas de deseo, almibarar mil y una formas y posturas de esos pequeños bocaditos que dan a los ángeles del cielo. Sólo aquí sé lo que se siente cuando se siente. Sólo aquí sé lo que es vivir cuando se vive. Aunque no me comprendan. Aunque piensen que estoy enclaustrada entre pastas, cortadillos y bollitos. Quizás la clausura está en sus mentes y las rejas en sus sentimientos. Yo supe hacer girar el torno de mis placeres. Caí al otro lado. No me importa lo que piensen, ni lo que hagan, ni lo que digan. Mi felicidad está entre estos bollos. Y no me importa que me llamen bollera...
viernes 27 de noviembre de 2009
Cuando abres los brazos
jueves 26 de noviembre de 2009
TRAVESURAS DE LA NIÑA MALA
A pesar de las coletas y de las falsas pecas, reconocí su rostro al salir de aquella picante y sugerente tienda. La discreta y recatada cursillista, la modélica alumna de la congregación, la ejemplar propagandista de la fe de nuestras abuelas o tatarabuelas, la ardua defensora de antiguas teologías y de prehistóricas virginidades, la discreta y hasta remilgada compañera de pupitres universitarios y de charlas cuaresmales apenas era reconocible en su nueva apariencia. No era carnaval, pero, al salir de aquella tienda había rejuvenecido, tanto en el físico como en el espíritu. Unas altas coletas habían hecho olvidar su rígido peinado, una amplias gafas reforzaban la belleza de unos desconocidos ojos, una entallada blusa blanca descubría la turgencia de unos pechos antes apenas sugeridos, una minúscula faldita tableada apenas culminaba unas interminables piernas de piel blanca esbozada bajo el misterio de los colegiales calcetines infantiles. Formas juveniles realzadas por un tacón de impacto y por un discreto carmín de labios. Apenas era reconocible, pero su andar lascivo y las suaves chupadas que daba a una rojiza piruleta hicieron que tardara en olvidar su imagen.
Pasó el tiempo y la escena quedó casi borrada en las nebulosas de los sueños vividos... Un maldito accidente ha provocado mi ingreso hospitalario. Han venido a mi mente algunos recuerdos de juventud. Al ver su rostro sobre la insulsa bata verde del SAS he recordado la especialidad que cursó. Hechos los preceptivos análisis y limpiezas, en la soledad de la habitación ha decidido prescindir de la normativa bata verde. El atrevimiento de su sucinta ropa interior, sus insinuantes pecas y la piruleta que empieza a chupar han hecho que surja en mí la duda... Empiezo a decir adiós a su antigua imagen de catequista, a la apariencia intrascendente de las habitaciones de hospital y al concepto de virginidad que alguien metió en mi mente hace ya muchos años...